Tres cosas sucedieron al mismo tiempo: la pandemia nos encerró a todos, la IA empezó a entrar en nuestra vida cotidiana y, en la primavera de 2021, recorrí 1,600 kilómetros en bicicleta, solo, por cuatro países. Ese viaje, en pleno confinamiento, fue una decisión de supervivencia, no un “proyecto” ni una protesta. Fue la manera no sólo de volver a llenar mis pulmones con libertad, sino de escapar de las restricciones y de un paisaje urbano distópico de rostros que ya no se dejaban observar.
El viaje fue también interior. Cada noche dormía aislado en un bosque distinto. Sólo me acompañaban la distancia, el ruido mental y el silencio de los árboles, sombras imponentes apenas visibles a medianoche. Si las series Monas y Tent Visions nacen ahí, afuera, la serie Post-COVID es el registro interior: lo que me ocurrió adentro, cuando la interrupción fue total. Pero, como siempre, yo las historias no me las creo, y las mías menos. Eso se refleja en el procedimiento de esta serie de casi cien dibujos.
Una de las primeras apps de retratos con IA usaba una tecnología hoy superada. Por las huellas que dejaba en sus imágenes, era probablemente una red GAN: entrenada con retratos clásicos europeos, transformaba las selfies de los usuarios en retratos al estilo del siglo XVIII, todos de personas blancas, casi plagiados de un museo europeo. Con una selfie, la app devolvía cuatro retratos ya formados, con pocas diferencias entre sí, para que el feliz usuario escogiera. Yo, en cambio, la forzaba a una antipareidolia: buscar patrones donde no había ninguno. Sus primeras cuatro imágenes de salida ya no eran objetos ni rostros. Salvaba una y la devolvía como imagen de origen, y con cada vuelta a la app le resultaba más fácil encontrar sus patrones.
Pero esta historia tampoco me la creí: yo detenía el proceso iterativo, escogía la imagen más interesante y después la transducía a tinta, con lujo de detalles, en un trabajo que era a la vez obsesión e introspección. Mi trazo entraba justo en el punto en que yo abortaba la feto-forma del algoritmo. Una antipareidolia que se convertía en antimorfosis. Desde luego, ni me transformé del todo ni me reinventé, pero tampoco soy el mismo: la autobiografía lineal queda rota a medio camino, y es a medio camino donde me encuentro mejor plantado.
CS: CÉLULAS MADRE, HECHAS PARA ALIMENTAR A LA APP
Si bien la mediación tecnológica comenzó con la app, la fotografía irrumpió en el proceso casi de manera involuntaria. Con el uso aprendí a predecir, a medias, cómo la app (PortraitAI) interpretaría mis fotos. Empecé a fotografiar texturas, a componer y a manipular objetos encontrados que pudieran servir como células madre. Como la app influía en mi manera de fotografiar, el dibujo empezaba en realidad con la foto. Pero la app fue, desde el inicio, una herramienta más, como los objetos mismos, la cámara, el papel y la tinta: juntos formaban un campo no jerárquico.
CS: POST-COVID #28, BASADO EN LA TERCERA CÉLULA MADRE
¿Desfosilización?
Después de concluir la serie, seguí jugando con la app en mis ratos de ocio: fotografiaba cualquier cosa para retarla a encontrar rostros, hasta que, en 2026, descubrí su "update". La versión nueva aún recorre varios pasos que acercan la imagen a un rostro, pero cuando no logra formarlo, ya no realiza sus cuatro "intentos": corta el proceso y superpone de inmediato un rostro genérico. La empresa incorporó así, ya fuera por razones éticas, de mercado o económicas, algo que mi procedimiento había anticipado: cortar de golpe la metamorfosis. Lo que agregó por su cuenta fue sustituir el retrato eurocéntrico, al que antes llegaba por defecto, por una imagen descontextualizada. Ver desfosilización y antipareidolia.
Los rastros de la serie Post-COVID (las fotos, las secuencias interrumpidas de la app y los propios dibujos) se convirtieron en el único testimonio de cómo funcionaba aquella versión de PortraitAI en su conjunto: algunos pasos todavía sobreviven, enterrados bajo la versión nueva, pero no su destino. Y quizá por una razón. En las reseñas de la app, un usuario escribió: "La IA parece ser racista. Mis amigos afroamericanos se están volviendo todos blancos. Me parece problemático, porque el mensaje es que lo negro está mal y que sólo lo blanco es 'normal' y deseable" (traducción mía). La propia empresa lo reconoció en la misma página de la App Store, con una disculpa porque su IA había sido entrenada sobre todo con retratos de personas de origen europeo. La discusión no se da sólo aquí: a la IA se la ha acusado no solamente de racismo, sino de neocolonialismo, conformismo, opiniones sesgadas y verdades a medias. Pero ese es otro tema; aquí vamos a hablar de la desfosilización.
No uso la palabra "fósil" a la ligera: en paleontología, los somatofósiles son restos del cuerpo de un organismo; los icnofósiles, huellas de su actividad; y los moldes y vaciados conservan su forma en otro material cuando el cuerpo ya no existe. En esta serie, el cuerpo, aquella versión de PortraitAI, ya no existe: de él sólo quedan algunos pasos sueltos, enterrados bajo la versión nueva, como fragmentos de un esqueleto. Las secuencias interrumpidas que guardé son sus icnofósiles: huellas de cómo se movía, impresas en mis fotos como en un sedimento. Y los dibujos son moldes: conservan su forma en otro material, tinta sobre papel, que no depende de ninguna máquina para ser leído.











