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CARLOS SANDOVAL MENDOZA
Lógica de Campos
Berlín, 2026
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Resumen
Con Field Logic, o lógica de campos, propongo un marco de relaciones para entender cómo la coherencia, la abstracción simbólica, el comportamiento colectivo y el sistema de percepción emergen a través de interacciones, no de un control central. En lugar de tratar los campos como sistemas fijos o simples estructuras materiales, en Field Logic los abordo como condiciones dinámicas en umbral, que se vuelven perceptibles a través de la participación, el acoplamiento, la sincronización, la inestabilidad y las experiencias vividas. También examino cómo la mediación tecnológica y computacional puede ser intrínseca a coherencias latentes a través de procesos artísticos distribuidos, en los que la percepción misma puede generar formas emergentes. No diseñé este marco a priori. Lo fui dilucidando mientras desplegaba décadas de mi trabajo sonoro, en performance, en instalaciones y en mediación tecnológica entre cuerpos, entornos, rituales, máquinas, atmósferas y comportamientos sociales. Field Logic nombra lo que la práctica ya venía haciendo antes de que yo tuviera el lenguaje para ello.
I. El ser y el estar juntos
Los seres humanos como seres creadores de campos
El ser humano no concibe el mundo como un observador aislado, lo vive en conjuntos, formando constantemente relaciones entre cuerpos, sonidos, gestos, objetos, memorias, tecnologías, entornos y comportamientos compartidos. Antes de que el arte, la ciencia, la religión o la política se separen en dominios diferenciados, existe una condición seminal: la tendencia a concebir las experiencias en torno a sus relaciones.
Este proceso no es necesariamente discursivo: puede ocurrir a través del ritmo, la repetición, la sincronización, la imitación, el ritual y la percepción colectiva. Parecemos incapaces de dejar de producir experiencias compartidas a través de las cuales el mundo se vuelve menos difuso.
Una multitud moviéndose como masa, un canto ritual, un sistema de afinación, una danza, un mito o un dibujo abstracto en una cueva pueden entenderse todos como intentos de producir coherencia en una realidad que es, sobre todo, inestable.
Así, somos esencialmente seres productores de campos.
Un campo aparece cuando las relaciones entre elementos tienden a generar perfiles reconocibles de coherencia. Estas formas pueden estabilizarse temporalmente o permanecer turbulentas, pero su organización surge a través de la interacción, no por imposición externa. El entendimiento de la percepción como primariamente relacional (en vez de basarse en la simple observación) se acerca a lo que Tim Ingold describe como el "habitar dentro de un entorno", y no desde afuera, de modo racional, analítico.
Muchas de las manifestaciones culturales milenarias ya sugieren esta condición: la simbología prehistórica, el ritual, el ritmo y la repetición simbólica, permanecen a menudo inaccesibles para nosotros, y sin embargo siguen revelando coherencias internas y consistencia perceptual. No proyectan arbitrariedad: sugieren formas colectivas para canalizar la experiencia. Esta coherencia es resiliente al paso del tiempo, cuando su vivencia directa ya no es posible. La relación estructural entre forma simbólica, gesto y formación colectiva que explora André Leroi-Gourhan, es relevante aquí.
II. Abstracción Colectiva
Cómo emergen las experiencias simbólicas, no discursivas
Las agrupaciones sociales no se organizan únicamente en torno a lo social o lo material. También generan sistemas simbólicos, en los cuales la experiencia se vuelve colectivamente perceptible e interpretable. Estas formaciones pueden aparecer como mitos, rituales, ritmos, gestos, imágenes, disposiciones espaciales, sistemas de afinación o formas abstractas cuyos significados no se estabilizan a través del lenguaje.
LASCAUX
No todos los significados emergen discursivamente. Algunos aparecen primero como intuiciones compartidas, atmósferas, repeticiones u organizaciones perceptuales que resisten la explicación directa. Un ritmo podría implicar una formación social. Un gesto ritual puede organizar relaciones mucho antes de que su significado simbólico se articule formalmente. Un dibujo abstracto, un canto colectivo, o un movimiento repetido pueden producir coherencia reconocible incluso cuando conceptualmente son inaccesibles.
Esta condición puede observarse en algunos de los rastros culturales humanos más remotos. Las marcas rupestres prehistóricas, los signos geométricos, las repeticiones rituales y las formas simbólicas híbridas aparecen con frecuencia, ante el observador contemporáneo, a la vez estructuradas e indescifrables. Sus significados originales están fuera de nuestro alcance, pero a la vez muestran coherencia interna. El trabajo de David Lewis-Williams es relevante para entender cómo la abstracción simbólica, la percepción ritual y los estados alterados pueden converger en sistemas iconográficos prehistóricos.
Estas formas no necesariamente representan al mundo, pero pueden cohesionar las relaciones en torno a él. El significado, en este sentido, no siempre precede a la experiencia. A veces emerge a través de la práctica compartida, mientras las personas van estabilizando colectivamente sus percepciones, ritmos musicales, símbolos y comportamientos. La abstracción colectiva se entiende entonces no como lo opuesto a la experiencia, sino como una de las formas en que la experiencia se vuelve perceptible en común.
Esta perspectiva deriva en el cuestionamiento de la concepción moderna de "autoría" como el origen aislado de la forma simbólica. Los rituales, los mitos, las melodías y los sistemas simbólicos pueden estabilizarse a lo largo de generaciones, sin pertenecer enteramente a un creador solitario. No es que la autoría desaparezca, sino que se distribuye a través de cuerpos, de repeticiones, de memorias, entornos y prácticas compartidas.
Las abstracciones colectivas tampoco suelen ser puras ni fijas. Categorías que parecen opuestas —lo sagrado y lo profano, o el orden y el ruido, lo racional y lo irracional— coexisten a frecuencia en las mismas condiciones de campo. Los sistemas simbólicos se filtran unos en otros, absorben contradicciones y se reorganizan continuamente. El entendimiento antropológico del ritual, desarrollado por Roy Rappaport, es relevante en este contexto, especialmente si se lo relaciona con la estabilización de formaciones simbólicas sin detrimento de las tensiones internas.
La repetición en sí misma no es estabilizadora: es la tensión creativa entre lo que un símbolo dice ser y lo que en realidad "hace": cristalizada, por ejemplo, en el término "dialéctica de los símbolos" en la contraportada de la edición en español de Masa y Poder. Un concepto que me ha marcado por décadas. Ahí, el bosque alemán, asumido como "pastoral", "romántico", "natural", es leído por Canetti como "ejército vertical", "uniforme", con cada árbol "bien alineado". El símbolo funciona precisamente porque ambos valores coexisten sin resolverse. Lo romántico y lo militar son el mismo símbolo, sostenido en oposición productiva. Esto es lo que vuelve tan duraderos a los sistemas simbólicos — y precisamente por eso, tan vulnerables.
Los campos también se encuentran entre sí de forma asimétrica: los sistemas simbólicos dominantes reorganizan a los débiles según su propia lógica operativa, y esto no ocurre necesariamente porque sea imposible su comprensión, sino porque su entendimiento relacional cabal, a menudo no es necesario para administrarlos, extraerles recursos, explotarlos o controlarlos. Los mundos simbólicos complejos se simplifican entonces, se traducen, se renombran, se fragmentan, o se absorben en sistemas más fáciles de manejar. Lo que desaparece en estas situaciones no suele ser la forma misma, sino las condiciones relacionales que originalmente permitían que esa forma funcionara coherentemente, dentro de la experiencia vivida.
III. Formación de Campo, Field Logic
Organización temporal dentro del movimiento
¿Cómo surge la coherencia cuando nadie está a cargo de ella?
Yo no le impongo estructura a mi obra: diseño condiciones bajo las cuales pueden emerger formaciones coherentes, y luego observo qué pasa. La forma llega a través del comportamiento coordinado entre los cuerpos, los materiales, las tecnologías, los entornos y los patrones culturales. Lo que aparece como "composición" a menudo es otra cosa: en el momento en que una situación dinámica comienza a estabilizarse, sus elementos se enfilan, derivan, interfieren o coexisten sin que nadie haya prescrito el resultado del todo.
A esto le llamo Field Logic. El término surgió gradualmente del propio trabajo, no de la literatura existente.
El concepto puede relacionarse con otros (como "coralidad", por ejemplo, en su connotación particular de pluralidad, coexistencia o presencia colectiva). Ambos conceptos se alejan de la autoría individual y de la organización central y se enfocan en situaciones en las que múltiples elementos operan simultáneamente sin colapsar en una identidad unificada. La diferencia entre ambos radica en el modo en que emerge la coherencia. La coralidad, por una parte, se ocupa principalmente de la coexistencia de voces, cuerpos o perspectivas en un espacio compartido. La Lógica de Campos, por otro lado, parte de un enfoque basado en la interacción de elementos heterogéneos (humanos, acústicos, tecnológicos, simbólicos o materiales) que genera coherencia.
Por esta razón, la Lógica de Campos funciona menos como una propuesta política o moral que como un marco descriptivo para entender cómo emergen la organización, la sincronización, la inestabilidad, el condicionamiento o la fragmentación a través de sistemas distribuidos.
Un campo, sin embargo, no surge automáticamente de una interacción. Los campos comienzan a formarse cuando las relaciones entre elementos generan tendencias colectivas reconocibles. Esta constelación no es necesariamente planeada ni depende tampoco de un control central. En muchos casos, la organización estable aparece precisamente porque ningún elemento determina el resultado por sí mismo.
La formación de un campo depende de la coordinación. Cuerpos, sonidos, gestos, materiales, tecnologías y comportamientos sociales comienzan a ajustarse en condiciones mutuas de tal modo que las acciones locales producen gradualmente consecuencias colectivas, mientras las dinámicas colectivas retroalimentan el comportamiento individual.
Una condición crucial en estos procesos es el acoplamiento o aparejamiento. Muchos sistemas interactúan, pero no todas las interacciones generan campos. El campo surge cuando los elementos se afectan mutuamente de manera continua, de modo que la coherencia surge por influencia mutua, no por control jerárquico.
Esto no requiere coordinación consciente. Las multitudes, los rituales, los conjuntos musicales, las procesiones, los sistemas tecnológicos, o los gestos repetidos pueden generar todos formas de coordinación colectiva sin dirección centralizada. En tales situaciones, la organización se desarrolla por el ajuste continuo, la deriva, la interferencia, la sincronización y la estabilización parcial.
En algunas de mis obras esta lógica opera a través del sonido, donde la coordinación se vuelve audible —un campo acústico compartido formándose entre intérpretes que no se están comunicando directamente— (Teleprompter, Nubes y Nómadas, Máquina Latina, Antilegos, Die Basta Zeiten sind vorbei, Mosaicos, Die Tränen der Dinge) y aun así llegan juntos a algún lugar. En otras se despliega a través del movimiento, objetos, sensores o procesos de edición, donde el comportamiento gradualmente se revela como pautado, en patrones o socialmente sincronizado.
Cuando esta lógica opera específicamente a través del sonido, le llamo Campo Acústico [Acoustic Fielding]. Y cuando una altura musical, una frecuencia o un tono está involucrado (grupos de personas con instrumentos se afinan entre sí, o se alejan, o se estabilizan temporalmente, o fallan en sincronizarse), le llamo Sistemas de Afinación Socio-Acústica (SATS): la forma de entender el tono no como una propiedad fija del sonido, sino como una condición emergente producida de manera colectiva a través de la interacción. La afinación se vuelve una condición del campo, no una medida de precisión individual que cambia dependiendo de la escala, la densidad, el acoplamiento y el grado de interacción entre los participantes.
Dentro de este marco distingo cinco regímenes:
| Sistemas Deterministas |
donde las relaciones de tono están definidas explícitamente y estabilizadas de manera uniforme (mis primeras piezas, por ejemplo); |
| Sistemas de Retícula |
donde múltiples sistemas de tono internamente consistentes coexisten sin fusionarse; |
| Sistemas Atractores |
donde individuos débilmente acoplados convergen hacia objetivos auditivos compartidos sin instrucción explícita; |
| Campos Acústicos Desacoplados |
donde el sonido coexiste sin alineación relacional estable; y |
| Coherencia Artificial |
donde los agentes nunca coexisten — cada uno actúa solo, en un momento distinto, aunque compartan la misma referencia. La coherencia se ensambla después. La interacción intuitiva, casi biológica, entre seres vivos es reemplazada por sincronización cruda. |
La sincronización, sin embargo, incluso si es computacional, no debe confundirse con alineación perfecta. Los campos rara vez operan a través de uniformidad total. Puede ser que una multitud cantando no se sincronice completamente y aun así genere un campo acústico coherente. Una procesión puede deambular rítmicamente manteniendo una dirección colectiva. Un sistema tecnológico puede permanecer funcional a pesar de inconsistencias e interrupciones locales.
Por esta razón, la "inestabilidad" no se entiende aquí como lo opuesto a la coherencia. El ruido, la fluctuación, la divergencia y la turbulencia son a menudo elementos constitutivos del campo mismo. La coherencia depende con frecuencia de la capacidad del sistema para absorber inestabilidad, sí, pero sin colapsar.
Estos conceptos no son teoría a priori. Emergieron de la práctica: de La Pasión según la Gente, donde tres técnicos se movían libremente a través de una celebración de cuatro kilómetros cuadrados sin caminos predeterminados, del Himno Nacional Mexicano tal como lo recuerdo de mi infancia, donde muchos niños de escuela cantan la misma melodía en una turbulencia de frecuencias que nunca se resuelve en un solo tono; de Biberdamm-Assut, donde castores y músicos producen el mismo hoquetus sin saberlo; de Máquina Latina, donde imprecisiones humanas anidadas generan un metrónomo que no es máquina.
IV. Campos Materiales, Etéreos, y Tecnológicos
Máquinas, mediación, automatización, sistemas distribuidos
Los campos no emergen solo entre personas. También se forman entre materiales, infraestructuras, entornos, máquinas, señales, interfaces, atmósferas, y sistemas tecnológicos. La coordinación humana siempre está entrelazada con procesos no-humanos.
Un campo tecnológico no es simplemente una herramienta usada por un sujeto. Una vez que los sistemas comienzan a interactuar recíprocamente con cuerpos, comportamientos, decisiones, y entornos, comienzan a participar en la producción del campo mismo. Los sensores modifican el movimiento. Las interfaces reorganizan la atención. Los algoritmos moldean la percepción. Los sistemas de edición reestructuran la temporalidad. Las máquinas comienzan a coordinar el comportamiento humano tanto como los humanos coordinan a las máquinas.
En este sentido, la mediación no es secundaria a la experiencia. Se vuelve una de las condiciones en las que la experiencia se vuelve perceptible y colectivamente organizada.
Algunos campos operan materialmente a través de la arquitectura, la acústica, los objetos, los circuitos, las infraestructuras, o las condiciones ambientales. Otros operan a través de condiciones más difusas y difíciles de localizar: la memoria, la atmósfera, la densidad simbólica, la expectativa ritual, la atención colectiva, el contagio emocional, o la presencia tecnológica distribuida a través de redes e interfaces. Un campo puede entonces aparecer simultáneamente material y etéreo, físico y perceptual. De formas distintas, la imaginación atmosférica de Gaston Bachelard permanece cercana a este entendimiento del espacio como algo habitado emocional y simbólicamente, en vez de simplemente ocupado.
"Temprano en la mañana, los campos están cubiertos por la humedad que llegó silenciosamente durante la noche. Mi tienda está mojada, y yo también. Mientras la temperatura sube, el agua lentamente se eleva de nuevo hacia el aire, formando nubes bajas sobre las plantas antes de desaparecer una vez más. El vapor se siente como algo que regresa hacia arriba, hacia donde vino — como un alma perdida encontrando su camino de vuelta — como si el paisaje mismo estuviera respirando a través de ciclos de aparición y desaparición."
En este momento, aún mojado, me sentí completamente parte del field. Me sentí implicado en él, como si el paisaje hubiera tomado parte de mí para volverse perceptible a sí mismo. Esto es un Field Logic etéreo: un campo organizado no a través de coordinación explícita, sino a través de una atmósfera, una transición, una difusión, una transmutación y una continuidad perceptiva. El campo aparece no como un objeto, sino como una condición temporal distribuida a través de relaciones entre el aire, la temperatura, el suelo, la humedad, mi piel, la memoria, y la percepción.
C.S., "Flying Tree": A Sereno Landscape, Biesenthal, Barnim, Germany, Sep. 2024
No toda relación, sin embargo, se vuelve un campo dentro de la experiencia. Muchas interacciones permanecen inertes, incluso cuando están presentes materialmente. Los campos se vuelven perceptibles para mí cuando comienzan a estimular, reorganizar, o propagarse creativamente a través de la experiencia vivida. En este sentido, Field Logic emerge menos de la observación distante que de procesos de implicación, contaminación, atención, y transformación. El campo no es simplemente algo que observo fuera de mí; para que exista, tiene que empezar a actuar sobre la percepción hasta que la percepción misma comience a generar forma.
Esto también aplica a entornos automatizados y distribuidos —rituales sociales, procedimientos burocráticos, hábitos tecnológicos, convenciones musicales, sistemas de retroalimentación algorítmica, estructuras institucionales, redes de comunicación, plataformas, infraestructuras logísticas, sistemas financieros, ecologías mediáticas, y otros arreglos maquinarios. Estas condiciones no constituyen campos por el simple hecho de existir materialmente. Se vuelven campos cuando comienzan a reorganizar la percepción, el comportamiento, la atención, la memoria, o la respuesta creativa desde dentro de la experiencia vivida.
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