EN

 

CARLOS SANDOVAL MENDOZA



Declaración del artista


 

Querida madre:
Ando otra vez en la calle y otra vez me fijo en la gente. Otra vez los desnudo, aquí adentro, en silencio. Veo lo que hacen cuando creen que nadie los mira. Sólo así los soporto.

Entre ellos, miro al perro deambulando sin correa y la cascada sin arena que sobrevive en las dos manos de ese niño, siento cómo vibra el bosque bajo la lluvia: son entes que no saben existir de otra manera. No los junta el mundo ni el destino; los junto yo, porque son los que me parten el corazón.

Los otros, los que ensayamos, los que prometemos y olvidamos, los que fingimos sentimientos leídos, estas máquinas complicadas sólo me ponen a trabajar, en silencio, pero con emociones que no me dejan hasta que las vuelvo dibujo, arte sonoro, partitura o autómata. Cada día hago algo. A veces me trepo sobre este montón de obras y descubro que aquí arriba todo es más tangible que la niebla del paisaje lejano.

“Mi trabajo no me representa, yo lo represento”, te dije una vez. ¿Recuerdas qué me respondiste, antes de irte para siempre, sobre el precio que iba a pagar por ello?