Todo lo sacro está cubierto: el cáliz ante la ofrenda, el símbolo tras la cortina, la reliquia en el relicario, la Virgen en su manto, el pan caliente, el que duerme.
La Mona 2 duerme bajo un manto de tela turca, bordado en seda de morera: fetos de borregos y becerros, figuras paleolíticas, óvulos frescos, esperma nervioso, fetos humanos y figuras abstractas. Bajo el manto, la bolsa plástica de dormir, y bajo ésta, voces mecánicas, en su obscuridad, mugiendo un coro rural, ¿Becerros, borregos, cabras? Todos con cencerros porque son almas perdidas. El mecanismo en sí mismo es silencioso, como el de un piano de cola, cuya mecánica muda desaparece para dar paso a la representación.
La cabeza es también, como en Mona 1, un autorretrato, un paisaje-planeta forestal dentro de la capucha, sin oídos, sin ojos. En Tent Visions 4, el dibujo que acompaña a la Mona 2, dos zorras vuelan en torno a un árbol nocturno, almas invisibles que mi perra percibió en la penumbra.


