La Mona 1 (yo mismo) duerme. Mientras tanto, en el dibujo, parece incorporarse tras ver un enorme pájaro que la observa detrás del árbol. La misma visión que tuvo mi perra horas antes (ese pájaro detrás del árbol), me observa, y yo me incorporo, floto un poco, oculto en mi bolsa de dormir, como si el ave me llamara. La Mona, o yo, está ahí, dormida, mecida por un reloj ontológico, o un pulso que puede ser mi corazón o el pasar de mi vida por este mundo.


